Urréjola
El pintor y las ciudades
10 de septiembre - 18 de octubre 2024
7 de septiembre - 24 de octubre
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Urréjola
Desde bien joven, en el proceso de aprendizaje y conocimiento del profuso mundo del Arte, siempre ha estado presente la obra de Ricardo Galán Urréjola, como un gran referente del paisaje urbano. Finalizando la década de los años 90, conversaba con compañeros de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, sobre como la obra de Urréjola conseguía transportarte al corazón de las grandes ciudades, captando su esencia, su pulso, su ritmo y en ocasiones al fragor de éstas, siempre desde una técnica depurada y una paleta de colores diferente, especial, muy íntima respecto a la de otros autores.
En aquel tiempo siempre teníamos muy presente en nuestros estudios, la importancia de lo formal: la composición, el encuadre, la técnica, el uso del color… Todos estos aspectos evaluables debían ser conceptos imprescindibles para cualquier autor, experto o crítico de arte figurativo que se preciara, teniendo todos estos elementos, muy marcados en la formación academicista, por entonces, aún muy instalada en la escuela sevillana de la calle Laraña.
Con los años, la vida te regala momentos singulares, teniendo la gran suerte de conocer a Ricardo y conversar en su estudio de manera distendida, amable y profunda sobre el arte a través de la pintura universal y de su obra, pudiendo entender mejor su evolución artística y su maduración en los procesos creativos de sus escenas urbanas.
A lo largo del tiempo y a través de estos conversatorios, pude adentrarme en una visión más esencial del artista. La pintura de Galán Urréjola, en la génesis de cada nueva composición plástica, deja atrás todas estas nociones formales, para dar paso a un estado de comunión absoluta, entre lo matérico y lo trascendental, en una concepción cuasi “numinosa” de su producción pictórica, según describiría el psicólogo húngaro-estadounidense Mihaly Csikszentmihalyi, en su teoría del flujo.
Una vez superados y depurados, durante decenios, todos los fundamentos técnicos y estéticos, el autor pasa a un estado de sublimidad artística que lo sume en su obra de un modo dispar, elevado, plasmando sobre el lienzo, de manera espontánea casi automatizada un flujo de color, emociones y expresión que no buscan interpretar el paisaje o la escena física en sí misma, si no narrar visualmente el equilibrio del color, la armonía; en esencia la pintura llevada a una expresión máxima, transportada a otro escalafón.
La abstracción, el expresionismo o el barroquismo presente en su obra, se convierten en meros vehículos formales de un trance artístico, en el que Urréjola se sumerge al encerrarse en su estudio, subir los decibelios de la música y transponerse a un estadio de lucidez creativa, que rebasan estos conceptos, permitiéndole mantener la ilusión y evolucionar en sus procesos pictóricos, convirtiéndose de facto en un artista que no se ha detenido en su crecimiento artístico ni personal.
La obra actual de Urréjola, permanece en una madurez continua, un statu quo inalterable de búsqueda y perfeccionamiento constante de sus creaciones urbanas, a través de un estado de flujo trascendente. Este éxtasis pictórico, en el que Urréjola asciende del pensamiento ordinario y entra en comunión profunda con la pintura, experimentando una sensación unitaria entre percepción, emoción y expresión, lo lleva a entender que participa de algo mayor que su propia individualidad humana a través del arte, como concepto universal.
Moncho de la Rosa
Gestor Cultural
Conservador-Restaurador de Obras de Arte
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